Sexo, drogas, estudios y familia: una carta a mi hija

Hablar con los hijos adolescentes sobre sexo, drogas, alcohol, estudios, familia y amistades no es siempre fácil, ni placentero, pero sin duda es muy necesario. Por ello, he dedicado el capítulo 5 y 8 de mi libro La transformación del adolescente a estos temas, para que los papás (y psicólogos, profesores, etc) cuenten con información y estrategias que les ayuden a lograrlo con eficacia y asertividad.

Una de las estrategias es escribir una carta con el mensaje que queremos transmitirles a nuestros hijos. Eso permite pensar las palabras, no precipitarlas, ser objetivos y al mismo tiempo ser amorosos. También permite que los hijos no mal interpreten nuestras palabras y puedan meditar nuestros consejos con más detenimiento. Por ello, en la página 346 ofrezco una carta que escribí para mi hija, como un recurso para que los papás puedan transmitir de manera asertiva sus ideas sobre estos temas.

Les comparto más abajo (y en PDF) la carta para que la puedan imprimir y dársela a sus hijos, o pueden usarla como ejemplo y hacer la suya con sus propias palabras. La idea es, que si los papás no educan a sus hijos en estos temas otros lo harán y no siempre será de la mejor manera.

Así que los invito a hacerlo y compartan conmigo su experiencia, como también los invito a adquirir mi libro y seminario en línea, estoy seguro de que serán de gran ayuda en la loable labor que hacen con sus hijos.


Querida hija:


Con el tiempo he visto cómo has crecido y te has convertido en una joven capaz, inteligente y apasionada. Disfruto mucho de ver tus talentos, tu entrega y tu perseverancia en las cosas que son de tu interés. Te felicito por tu forma de ser y el empeño que pones en la vida.

Como parte de tu crecimiento, ahora tendrás que tomar decisiones y enfrentar retos. Las drogas, el alcohol, el sexo, los estudios y la familia son temas que ahora verás de modo diferente a como lo hacías en la infancia, y estoy seguro de que cuando estés en estas situaciones sabrás qué decisión es la mejor. Solo te quiero compartir mis ideas sobre estos temas, pues es probable que en los medios y entre tus compañeros te den una versión distinta.

Probablemente has escuchado que las drogas, especialmente la marihuana, no hacen daño y que es exagerado el no legalizarla. Algunos dicen eso porque tienen intereses económicos y

políticos; otros, porque han encontrado en la droga una forma de relajarse, de sentirse “bien”, pero también de evadir sus problemas, y otros más, porque no tienen información suficiente. La realidad es que sí tiene efectos negativos: algunas investigaciones han mostrado que distintas funciones cerebrales, incluyendo la memoria y la inteligencia, se ven afectadas. Existen otras formas de relajarse, de sentirse bien y de enfrentar los problemas. ¿Recuerdas qué bien te sentiste cuando hablaste con tu mamá o con el consejero de la escuela sobre lo que tanto te preocupaba? Los problemas se resuelven afrontándolos, no evadiéndolos, y yo he visto lo bien que lo haces cuando decides afrontarlos.

También habrás escuchado que no tiene nada de malo llevar una vida sexual y que por lo tanto tú puedes tener relaciones sexuales con quien tú quieras, cuando tú quieras y disfrutar de ellas. Efectivamente, hija, la sexualidad no tiene nada de malo. Tú y solo tú puedes decidir con quién experimentar tu sexualidad, pero te quiero compartir algunos datos. La edad promedio de iniciación sexual en nuestro país es de 16 años, por lo que cada día hay 1250 nuevas mamás en el país en edades entre los 12 y los 19 años. Hasta el 55.7 % de las adolescentes que iniciaron vida sexual han estado embarazadas. Además existen diversas enfermedades de transmisión sexual de las que el condón o los anticonceptivos no te van a proteger: herpes, VPH, etc. Pero, sobre todo, hay muchas personas que en lugar de encontrar una experiencia de amor, aceptación y felicidad encuentran lo opuesto por haberse precipitado en su decisión de con quién experimentar la sexualidad. Hay cuatro cosas muy importantes al momento de decidir llevar tu vida sexual: 1. ¿Con quién? (¿Lo conozco lo suficiente para saber que me ama, me respeta y me acepta como soy? ¿Sé que podrá hacerse responsable junto conmigo en caso de un embarazo o de una enfermedad de transmisión sexual? ¿Realmente hay un compromiso entre él y yo?); 2. ¿Dónde? (¿Tenemos un lugar donde podemos cuidar nuestra intimidad, donde no nos exponemos y permitimos que esta sea una experiencia de amor y satisfacción?); 3. ¿Cuándo? (¿Me siento presionada de tener relaciones porque si no “se buscará a otra”? ¿Realmente es este el momento donde las relaciones sexuales enriquecerán mi vida o, por el contrario, la pueden complicar con preocupaciones, métodos anticonceptivos, conflictos de pareja, etc.? ¿Está dentro de mis planes en la adolescencia asumir un compromiso así?) 4. ¿Cómo? (¿Me siento obligada? ¿Me pide hacer o experimentar cosas que no quiero? ¿Respeta mis decisiones? ¿Me siento presionada por mis amistades o por la sociedad?).

Como podrás ver, hija, difícilmente encontrarás respuestas positivas y claras a los 15 o 16 años a estas preguntas. Mientras más pospongas tu iniciación sexual, más y mejores decisiones podrás tomar sobre quién, dónde, cuándo y cómo. Es en el matrimonio donde encontrarás respuesta plenas y seguras a esas cuatro interrogantes.

En cuanto a los estudios, solo quiero decirte que tú y solo tú decidirás hasta dónde quieres llegar y a qué te quieres dedicar. No se trata de títulos académicos, ni siquiera de las calificaciones que obtengas. Se trata de que puedas desarrollar tu interés por conocer, por aprender cosas nuevas, por descubrir la vida. Siempre te apoyaré en esto y sé que serás capaz de explorar para encontrar tus intereses y comprometerte en ello.

Finalmente, hija, quiero hablarte de la familia. Tú eres parte fundamental de nosotros y nos interesa mucho que te sientas querida, aceptada e integrada entre nosotros. Ten la seguridad de que puedes decirnos lo que piensas, en lo que estás de acuerdo y en lo que no, y de que a pesar de nuestras diferencias siempre te aceptaremos y querremos. Pero también necesitas saber que buscamos hacer acuerdos y que hay normas y límites que, como en cualquier lugar, tendrás que seguir para poder tener los beneficios que te ofrecemos en la familia.

Tal vez en momentos sea difícil seguir esas normas o límites o no coincidas con ellos. Si es así, necesitamos hablarlos para ver qué podemos hacer, pero al final son necesarios para que todos nos sintamos alegres y satisfechos en esta familia.

Me despido, hija, y nuevamente te digo que me siento muy orgulloso y satisfecho de ver en quién te has convertido y de ver todas tus cualidades. Si necesitas algo, siempre estaré para ti.


Te quiero.

Tu papá


Saludos con aprecio

Dr. Mario Guzmán Sescosse


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CARTA A MI HIJA
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