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Consideraciones éticas contra la fertilización in vitro

La fertilización in vitro (FIV) es un método de reproducción asistida que cada vez se populariza más entre las parejas con infertilidad. Muchos lo consideran bajo una premisa positiva, un deseo comprensible, un anhelo casi universal: el de tener un hijo. Dicho procedimiento conlleva implicaciones éticas que, en ocasiones, se ignoran o se evaden en la toma de decisiones; sin embargo, sigue constituyendo un acto intrínsecamente inmoral y, por lo tanto, de gravedad. Por ello, es importante revisar las implicaciones éticas de la FIV para que quienes optan por dicho método puedan comprender el proceso y su complejidad antes de tomar la decisión y conozcan otras alternativas que pueden ser eficaces. Pero vayamos por partes.

La vida humana inicia en la concepción con la formación del cigoto, en el que los dos gametos, el espermatozoide y el óvulo, se unen y se origina un individuo con su propio ADN. Es un ser humano en constante desarrollo hasta el día de su muerte. A ese ser humano primero se le conoce como cigoto, después como embrión, luego como feto, y, finalmente, como bebé, niño, adolescente, adulto y, por fin, adulto mayor o anciano.

Algunas parejas tienen que enfrentar la dolorosa realidad de la infertilidad, por lo que deciden intentar la FIV para concebir. Dicho proceso conlleva la extracción de óvulos y espermatozoides para inducir artificialmente la fecundación. En dicho proceso se extraen entre

Fertilización in vitro

15 y 20 óvulos (dependiendo de la mujer), de los cuales se logrará fecundar entre el 60% y el 80%; con ello inicia la primera etapa del desarrollo de 12 o 16 individuos, en su etapa inicial, el cigoto. A partir de ahí, comienza la división celular, que nunca se detendrá hasta nuestra muerte. Alrededor del día 6, el personal médico implanta en la cavidad uterina a ese ser, ahora denominado embrión en etapa de clivaje. Si todo va bien, el embrión crecerá, se convertirá en un feto y después la mamá lo dará a luz y seguirá con su desarrollo fuera del útero pasando por las etapas posteriores (neonatal, infancia, niñez, adolescencia, etc) Pero para lograr un solo embarazo, los doctores pueden intentar fertilizar hasta 20 óvulos, y una vez que empiezan a dividirse, analizan a esos embriones (ser humano) para escoger a aquel con las “mejores características” y ese se implantará, los demás embriones (seres humanos) o se desechan, o se congelan o se donan a otra pareja o los utilizan para investigación.

De este modo, la fertilización in vitro conlleva varios dilemas éticos. El primero es que es un método que va en contra de la ley natural por llevar la fertilización y la concepción fuera de la intimidad sexual y conyugal, y porque se decide cuál ser humano vivirá y cuál no, basado en una perspectiva utilitarista y no bioética. Otro dilema ético de mayor gravedad es que es un método de múltiples abortos, pues, como vimos, para que nazca un ser humano conlleva el sacrificio de hasta 12 o 16 seres humanos en etapa prenatal. Otro dilema ético y moral es que a algunos de esos seres humanos o se les deja morir o se les congela hasta que sus padres decidan descongelarlos. Finalmente, está el dilema ético entre el lucro y la esperanza de los padres, pues, en el “mejor” de los casos, la probabilidad de lograrlo es del 43%, pero con la edad puede bajar hasta el 13%, lo que genera un gasto significativo de hasta 25.000 dólares con una baja probabilidad.

Detrás de estos dilemas éticos está una cuestión fundamental: ¿quién tiene o no la autoridad para determinar cuál ser humano es más valioso o menos valioso, y quién merece vivir y quién no? Y es que, si terminar con la vida humana está mal, entonces está mal en cualquiera de sus etapas del desarrollo, sea siendo un cigoto, un embrión, un adolescente, un adulto o un anciano, pues ¿qué argumento lógico, válido y racional se puede dar para sostener que el valor de un ser humano radica en su etapa de desarrollo y no en su valor intrínseco?

Otro elemento importante a considerar es que la infertilidad es una experiencia dolorosa y que requiere ser tratada con sensibilidad y empatía, pero no confundirla con la idea de que se tiene “derecho” a ser padre, y por ello, el método para lograrlo no importa, dicha premisa es errónea pues serviría también de justificación para quien viola a una mujer, solo por creer que él tiene el “derecho de ser padre”, sin considerar el cómo, solo el qué. Aún más, uno no ha de confundir el anhelo o el deseo, por valioso que sea, con el derecho, pues nadie tiene derecho a otro ser humano, incluso cuando este es su propio hijo.

De ahí la importancia de recordar que la paternidad no es un derecho, ni siquiera debería verse como un deseo o anhelo, pues en realidad es un don, un regalo y un enorme compromiso en el que los hijos no nos pertenecen ni llegan para cubrir nuestros anhelos, sino que son una encomienda (evolutiva o divina, como quieran verlo) para promover su sano desarrollo físico, social, psicológico y espiritual. Y, como dijimos, no hay argumento que justifique que un ser humano decida quién vive y quién muere con base en sus deseos, como lamentablemente ocurre en el procedimiento de la FIV.

La realidad es que la FIV es una forma de eugenesia basada en el anhelo de los padres y en el criterio de los médicos, que les asignan mayor o menor valor a esos embriones, por lo que quienes son considerados de poco valor no tendrán la oportunidad de continuar con su desarrollo humano. No importa qué ley diga lo contrario; no importa cómo busquemos justificar la selección y el desecho de seres humanos. No hay ninguna ley ni criterio médico que pueda estar por encima de la ley natural y de la dignidad humana en todas sus etapas del desarrollo; por lo tanto, quienes piensan que es su derecho necesitan confrontarse con la realidad, pues no es un derecho.

Quienes acuden a la FIV necesitan ser conscientes de que serán papás no solo del hijo que den a luz, sino también de los que serán desechados, así como de aquellos que queden en estado de congelamiento o sean donados a otras parejas. Por ello también tienen responsabilidad ante esos hijos.

Es importante recordar, que una enorme tarea en la vida es aprender a aceptar que ésta no debe de ser como uno quiere, por eso si alguien se espera hasta los 35 años para tener un hijo o si tiene una condición médica que le impide tener hijos la realidad le confrontará y necesitará cuestionarse si la aceptará conduciéndose con respeto a la naturaleza humana o si caerá en la imposición de su deseo sobre la dignidad de sus propios hijos que terminarán siendo desechados. La FIV es la materialización del complejo de Dios, en la que uno cree que tiene derecho a manipular la vida y decidir quién vive y quién no.   

¿Y qué hay de los hijos nacidos por FIV? Pues ese hijo tiene la misma dignidad que cualquier otro ser humano y, por ello, ha de celebrarse. Su dignidad es la misma que la del hijo nacido del encuentro sexual de dos cónyuges que se aman, o la del hijo nacido de una violación. La dignidad humana y su valor no se cuestionan; se cuestiona el método para lograrlo. Así como se reprueba la violación, pero no al hijo, resultado de la misma, así se ha de reprobar la FIV, pero no al hijo de quienes optaron por dicho método; se reprueba no por el hijo, sino porque, para que ese hijo naciera, sus hermanos tuvieron que ser sacrificados.

Todos estos argumentos y problemas éticos son los que han llevado a la Iglesia Católica a considerar la FIV en Donum Vitae y Dignitas Personae como moralmente ilícita e intrínsecamente grave, y considerar su práctica un pecado mortal y, por ello, prohibirla entre sus fieles.  

Afortunadamente, existen otras opciones que no implican actos moralmente o éticamente problemáticos; por ejemplo, el método Creighton Model Fertility Care System, que ha demostrado ser apegado a la ley natural y con resultados significativos para quienes han tenido dificultades en su fertilidad. También está la opción de adoptar y así crear la experiencia de amor y familia no solo para la pareja, sino también para un niño vivo que necesita ser aceptado y amado como cualquier otro niño. Si ninguna de estas opciones es viable, entonces la pareja tiene una última opción: aceptar su realidad, entendiendo que la vida no tiene que ser como uno quiere, que esta no se tiene que adaptar a nosotros, sino nosotros a ella.

Si alguno de los lectores ya participó en IFV, le invito a que no lo promueva, a que no participe más en el desecho de seres humanos y a que promueva mejor las otras opciones que aquí se mencionaron. De esa forma contribuye a un mundo que respeta la vida, la dignidad y la ley natural a la que todos nos debemos.

 

Saludos a todos

Mario Guzmán Sescosse

 

 

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