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EL TERAPEUTA Y SUS PACIENTES

Uno de los aspectos más complejos para los psicólogos es la de comprender de forma apropiada la relación entre el terapeuta y el paciente.

 

Las historias que nos comparten, los traumas, las patologías, los dolores, las decepciones, pero también los anhelos, los logros y las alegrías nos impactan de una manera especial. Además, con

algunos vemos grandes similitudes, y con otros grandes diferencias. Con algunos coincidimos en su visión filosófica, religiosa y política de la vida, con otros discrepamos totalmente. Sin embargo, los pacientes acuden a la consulta del psicólogo no para hacer amigos, ni para encontrar pareja, ni para ser adoctrinados, ni para ser juzgados, acuden para ser comprendidos y desde esa comprensión buscar conjuntamente soluciones a los conflictos que les aquejan.

 

Y es que la mejor herramienta del psicólogo es su relación con el paciente, es ahí donde radica la posibilidad de cambio, de curación y de crecimiento. Dicha relación puede ser amigable pero no ser de amigos, puede ser amorosa pero no ser de amantes, puede ser paternal pero no ser el padre o la madre, dicha relación es la del terapeuta y la del paciente donde existe algo que me atrevo a llamar “sagrado”. Y es que los pacientes depositan en nosotros la confianza y la esperanza para que les ayudemos a afrontar los retos que se les presentan. Nuestra relación es más que un trabajo, es un compromiso y una responsabilidad con la que los psicólogos hemos de sentirnos honrados, de ahí su carácter “sagrado”.

 

Sin embargo, para algunos pacientes puede ser tentador ver a su terapeuta como la persona que les resolverá los problemas. De igual forma, algunos psicólogos pueden sentirse atraídos con la idea de decirles a sus pacientes qué tienen que hacer o cómo deben de conducirse en la vida. El problema es que eso no es terapéutico, pues no permite al paciente comprender y desarrollar las habilidades que necesitan para poder afrontar la vida de manera positiva y constructiva. La función del terapeuta no es la de aconsejar, ni la de resolver los problemas de los pacientes, es la de promover su autonomía e independencia a través de enseñarles cómo pueden tomar sus propias decisiones y resuelver sus dificultades por ellos mismos. Claro que esto ha de hacerse con la empatía y el genuino interés por su bienestar. 

 

La relación terapéutica está fuertemente influenciada por el marco teórico con el que trabaja el terapeuta. De tal forma que habrá quienes son más interactivos como los terapeutas cognitivo conductuales, quienes serán más receptivos y pasivos como los terapeutas con orientación psicoanalítica y quienes harán gran énfasis en la calidad emocional de la relación como es el caso de los humanistas. Pero más allá de las teorías, están dos seres humanos unidos por el conflicto y el sufrimiento que le aqueja a uno de ellos.  Es por eso que C. G. Jung afirmaba a sus alumnos que buscaban convertirse en terapeutas: “Conozca todas las teorías. Domine todas las técnicas, pero al tocar un alma humana sea apenas otra alma humana”.

 

Su frase engloba lo que los psicólogos deberíamos hacer con cada paciente que cruza nuestra puerta.

 

Un abrazo y agradecimiento a toda la gente que me ha dado la oportunidad de acompañarlos en sus

procesos psicológicos.

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